Al llegar el fin de año, ¿cómo le deseas felices fiestas a tus clientes? ¿A través de postales digitales o mediante tarjetas impresas enviadas por correo? Si eres como la mayoría de las empresas, seguramente pones a un diseñador gráfico a crear cualquier plantilla festiva en 30 minutos, la cual, por supuesto no se diferencia de las otras miles que hay afuera. Al final, lo aceptes o no, resulta importante pues es la manera en la que te estás comunicando una vez más con tus suscriptores.

Si ni siquiera lo habías contemplado es un grave error. En realidad, no hay nada peor que no mandar nada. Bueno sí, y eso es enviar algo barato y sin sentido. Por ejemplo, en ocasiones anteriores he recibido las típicas tarjetas navideñas de diversas empresas, sin embargo, desde mi punto de vista no logran que llegue a pensar positivamente acerca de ellos siendo estas las razones:

  1. No transmiten ningún sentimiento real y se siente que tratan a las festividades como un producto más que tienen que sacar al mercado.
  2. Probablemente se felicitan a sí mismos por haber terminado la lista de tareas “misceláneas” que tenían pendientes.
  3. Si este es el nivel de esfuerzo y creatividad que le ponen a algo en lo que se pueden divertir, ¿qué es lo que hay detrás de ellos? ¿Será el mismo nivel de esfuerzo que le ponen a su empresa y a sus productos?

Claro, lo anterior es mi opinión desde el punto de vista de una mercadóloga altamente crítica con experiencia en diseño, embalaje y dirección artística. Dicho esto, también puedo compartir que absolutamente nadie ha sido impresionado con una tarjeta digital (a menos de que ésta sea un video).

Sin embargo, si tomas esa misma postal digital irreflexiva, la imprimes y la envías por correo, generarás algunos buenos sentimientos. No muchos, pero los suficientes para mostrar que eres como de la familia. La creación de este sentimiento es lo que hace a las impresiones tan especiales. La tarjetas son objetos que, por lo general únicamente recibimos de parte de la familia y los amigos más cercanos (incluso si no nos interesa particularmente el contenido). Al final, lo que importa es que las tarjetas nos hacen sentir importantes; que pertenecemos. Esos sentimientos resultan muy poderosos cuando se traducen a un entorno de negocios, pues ayudan a construir vínculos representativos.

Teniendo claro lo anterior, creo que ahora puedes diseñar tu campaña impresa de fin de año un poco más elegante, creativa y conmovedora que la típica de siempre. Las campañas con motivos festivos y de fin de año impresas que al mismo tiempo logran vincular la marca son la mejor manera de avanzar. De esta manera, le estarás demostrando a la audiencia que está presente la marca pero también en ella, las festividades (y claro, por debajo del agua lo creativo que eres). Tomemos como ejemplo un museo de arquitectura que definitivamente te hace mirar, pensar y hablar. Esto podría haberse adaptado fácilmente para la época navideña con un toque más “invernal” con elementos clave como la nieve y las luces pues el resto ya está allí.

Si lo deseas, también puedes optar por tener un toque de humor en tus campañas festivas tal y como lo hizo un club de afeitar que mostró un suscriptor no deseado. Si nos vamos al extremo opuesto, también se encuentra la opción que más nos gusta a los mercadólogos: marca + historia. Tomemos como ejemplo a la joyería Tiffany and Co. que lo que hace es empatar su producto con romance creando así “historias de amor”. Esta técnica no solo destaca la marca, también logra transmitir sentimientos que llevan a la gente a seguir adelante y de igual manera, historias de cercanía y reconexión que es lo que más le gusta a las personas durante las festividades.

Lo más importante es que sea como sea que decidas hacer tu campaña impresa, la hagas personal. Tus tarjetas impresas deberán estar bien pensadas y por ningún motivo deberán dar la impresión de ser aburridas y descuidadas, pues al final, la audiencia te asociará con las mismas descripciones. Si tienes poco tiempo para producir una gran idea, realiza un concurso entre los empleados de la oficina con su merecida recompensa. Ésta puede ser un día de descanso pagado o un bono de $1,000. Al final, ambos son grandes motivadores y pondrás a todas las mentes a trabajar por ti.